Después de una jornada complicada, pedir comida a domicilio, comprar algo visto en redes sociales o aprovechar una oferta puede sentirse como una recompensa inmediata.

Esta tendencia, conocida como la cultura del “me lo merezco”, parte de una idea sencilla: recurrir a pequeños consumos para celebrar un logro, mejorar el ánimo o sobrellevar un momento difícil.

El problema no está en disfrutar un gusto, sino en hacerlo sin considerar si realmente cabe dentro del presupuesto.

En México, esta conversación cobra especial relevancia. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera más reciente, hecha en 2023, elaborada por el INEGI y la Condusef, señala que 3 de cada 10 de las personas de entre 18 y 29 años presenta un nivel alto de estrés financiero. Además, a nivel nacional, el 48.4% de la población adulta manifiesta mucha preocupación por la acumulación de deudas.

Las emociones tienen una relación directa con nuestras decisiones de consumo.

Un mal día, una semana pesada o la necesidad de darse un gusto pueden terminar en una compra impulsiva.

Aunque un pequeño premio no necesariamente representa un problema, repetir este comportamiento puede afectar el presupuesto y convertir el alivio momentáneo en preocupación financiera.

“Darse un gusto también debe formar parte de unas finanzas sanas, solo es importante que sea una decisión planeada y no una reacción automática ante una emoción. ”, explica Mariana Villasuso, directora de asuntos externos y Chief of Staff de Gobernanza de Stori, plataforma mexicana de servicios financieros.

La clave está en que esa compra no comprometa los gastos esenciales, el ahorro ni la capacidad de pagar las obligaciones adquiridas

¿Cómo esto forma parte de mi presupuesto y cómo sé si lo estoy comprando desde la emoción?

Antes de presionar “comprar”, Stori recomienda hacer una pausa y plantearse algunas preguntas:

  • ¿Lo quería desde antes o surgió después de un mal momento? Identificar qué emoción está detrás de la compra ayuda a distinguir entre un deseo real y una reacción impulsiva.
  • ¿Puedo pagarlo sin afectar otros gastos? El precio no debe evaluarse de manera aislada, sino frente a los compromisos de la semana o del mes.
  • ¿Seguiría queriéndolo mañana? Aplicar una pausa de 24 horas puede reducir la urgencia y permitir una decisión más consciente.
  • ¿Lo compraría si no estuviera en oferta? Un descuento no representa un ahorro cuando se utiliza para adquirir algo que no se necesitaba o no estaba contemplado.
  • ¿Estoy usando crédito sin saber cómo lo liquidaré? La tarjeta de crédito es una herramienta de pago, no una extensión del ingreso. Antes de utilizarla, es importante definir de qué recurso saldrá el pago.

También puede ser útil establecer dentro del presupuesto una cantidad específica para gustos personales. Así, disfrutar un café, una salida o una compra especial no tiene que convertirse en una fuente de culpa, siempre que se mantenga dentro de un límite claro.

También te puede interesar: Descubre los secretos del Hot Sale y realiza compras exitosas

Otras medidas sencillas, como desactivar notificaciones de ofertas, eliminar los datos bancarios guardados en aplicaciones de compra o llevar un registro de los gastos pequeños, pueden añadir fricción al proceso y evitar decisiones automáticas.

El “me lo merezco” no tiene que desaparecer. La meta es cambiarlo por una pregunta más completa: “¿Me lo merezco y puedo pagarlo sin perjudicar mis finanzas?” Porque un gusto puede mejorar el día, pero una compra consciente también ayuda a cuidar la tranquilidad de las semanas siguientes.